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lunes, 20 de julio de 2020

Frente a la infodemia, la recomendación es: NO LAVARSE LAS MANOS



Por: Alejandro Ippolito

En la dimensión artística, la literatura primero y la cinematrografía después nos han otorgado la visión de múltiples escenarios distópicos donde la supervivencia del ser humano se ve amenazada por la aparición de diferentes plagas y desastres que prometen la extinción de la especie y la mutación del planeta en favor de la naturaleza, una especie de regresión a un estado planetario primigenio de belleza desbordante, pureza en el aire y claridad en el cielo, aguas cristalinas y animales recorriendo las ciudades desérticas con total libertad y sin temor al peor de los primates.

Son cuantiosas las muestras que han dado la literatura y el cine como expositores involuntarios de una especie de “periodismo de anticipación” que posiblemente haya disfrazado de entretenimiento ficcional una lectura inteligente de la realidad y una proyección llamativamente exacta de diversos sucesos posteriores. Profecías que pueden basarse en el agudo sentido de observación de autores geniales o en un sencillo ejercicio de la decepción y el pesimismo que surge del mero reconocimiento de la historia de la humanidad con su proverbial tendencia a repetir y fortalecer sus desaciertos sin terminar de reconocer su rotunda fragilidad.

Si reversionáramos el tango Cambalache deberíamos decir que ‘la pandemia nos ha igualao’ y nos ha invitado de mala manera a un supuesto encierro en el cual, quizás, encontremos la libertad perdida en nombre del progreso. Pero el COVID-19 no recorre en soledad los laberintos terrenales, hay otras pandemias que también nos destruyen pero con formas más sutiles, amenazas a las que tristemente nos hemos acostumbrado a tal punto de confundir el veneno con nuestro alimento cotidiano.

Tal es el caso de la denominada infodemia, un proceso viral que inunda las arterias comunicacionales con información maliciosamente falsa y que corrompe los sentidos al punto de provocar en las personas reacciones contrarias a sus propios intereses.

Los infectados de infodemia se reconocen por difundir ideas sin sustento, frecuentemente disparatadas y que no toleran el más mínimo análisis. La infodemia provoca el efecto de un espejo mentiroso en donde no se refleja lo que existe sino lo que se desea y ese deseo mayoritariamente responde a la falta de conocimiento o al gusto adquirido por el escándalo y el sensacionalismo como productos de consumo mediático.   

Las recomendaciones para combatir la infodemia - que es anterior al COVID-19 y lamentablemente podemos prever que continuará vigente después que la pandemia se disuelva - tiene algunos puntos en común con el virus que puso al mundo en cuarentena. En principio hay que evitar la proximidad con personas posiblemente infectadas por haber tenido contacto con fuentes comprobadas de desinformación. Hay que tomar distancia, una distancia reflexiva frente a los contenidos informativos que nos permita reconocer los síntomas de una noticia maliciosa – síndrome de fake news – como la ausencia de fuentes comprobables, autores inexistentes, redacción errática y con errores gramaticales llamativos; entre otras cualidades negativas.

La proximidad con nuestros seres queridos puede ser riesgosa, es habitual que la infodemia se propague entre nuestros contactos más cercanos en donde la confianza en ellos permite el ingreso de la información falsa. El uso del barbijo comunicacional nos permite protegernos y proteger a los demás de las expectoraciones discursivas apócrifas, impulsos similares a una tos persistente sin otra sustancia que el trascendido, el rumor y la falacia.

La infodemia, al igual que el coronavirus, suele permanecer flotando en el aire por algún tiempo y por eso es necesario tomar todos los recaudos para no quedar expuestos a sus efectos. Partículas que no se reconocen a simple vista, con un poder de propagación muy importante y que requieren del análisis de especialistas para ser reconocidas.

Pero no alcanza con la descripción diagnóstica, la enumeración de particularidades y el recuento de víctimas y efectos. Resulta imprescindible producir la sustancia que actúe como antídoto frente a la infodemia  Por eso la recomendación es “no lavarse las manos” en este caso, no desentenderse ni considerar que la infodemia es parte de la lógica dinámica de uso de los medios y las redes sociales o que no se puede hacer más que enumerar casos y contabilizar contactos infectados. En tiempos en que lo viral se ha transformado en sinónimo de éxito, la tarea es instalar protocolos de acción frente a la información que se consume, acciones simples que pueden desbaratar la circulación de noticias maliciosas y purificar el aire en favor de todos.

En tal sentido estamos trabajando, desde las aulas y los espacios de investigación, para conocer en profundidad las características de esta pandemia desinformativa, para poner en valor el discurso científico por sobre las suposiciones y los trascendidos, para devolverle al conocimiento el lugar que los medios le quitaron en favor de la simpática ignorancia y reconfigurar el rol del periodismo como recopilador y decodificador de hechos concretos ante la sociedad y no como reproductor de mensajes que solo abastecen intereses corporativos y privados.

Estamos en el peor momento, pero también estamos en el mejor lugar.


domingo, 19 de julio de 2020

¿Cómo reconocer una fake-new?


                        Por María Victoria Cisterna



Tanto en tiempos de COVID-19 como en la “normalidad” abundan noticias de procedencia extraña o falsa. Es importante saber reconocer cuándo estamos frente a una para no caer en la desinformación y el engaño mediático.

Muchas veces al leer una noticia en un portal confiamos plenamente en la veracidad de su contenido. Pero esto que estamos leyendo, ¿es 100% real? ¿Cómo me doy cuenta cuando algo no lo es? Algunas claves a tener en cuenta:
  •          No leer únicamente el título en una noticia. Es importante hacer una lectura del cuerpo de la misma, ya que muchas veces los títulos suelen estar redactados para atraer lectores y no estar contando toda la eventualidad.
  •          Cualquiera sea el dato que la noticia aporta, hacé una búsqueda en internet de más información al respecto. Si es falsa, probablemente ya la han desmentido.
  •          Seguramente se menciona algún/a profesional: verificá que sean personas reales, no inventadas.
  •          Si se habla de un estudio “prestigioso”, podés rastrearlo por internet y comprobar que efectivamente existe. Si encontrás la fuente en una página web pero todavía te genera dudas, podés ponerte en contacto con los autores, de los que seguramente figurarán sus datos en el o los artículos. “La mejor prevención es ponerse en contacto con la presunta fuente”. (Cobo, S., 2012).
  •          ¿Tiene errores de ortografía graves? Es probable que estemos ante una noticia falsa. Ningún comunicador está exento de cometer faltas ortográficas, pero lo cierto es que incluso Google le da menos credibilidad a los sitios con faltas de ortografía.


Dentro de una página web hay ciertas marcas que nos pueden hacer considerar la presencia de una fake-new, y hasta pensar que el sitio es falso. A veces las URL son parecidas y no lo notamos, pero cambió una letra y ya es un sitio distinto. Otro aspecto importante a considerar es la presencia de la información de contacto y propiedad de la web, ya sea una persona o empresa. Si hubiera un nombre, se puede rastrear por redes sociales o simplemente internet para verificar su veracidad. 

Desenmascarar fake-news es toda una habilidad que supone el “desconfiar de todo”. Quizás suene un poco exagerado, pero hay páginas o redes sociales que parecen “oficiales” o que brindan información de calidad y simplemente son perfiles falsos.

La clave es estar atentos a todo lo que nos rodea, verificar los sitios que visitamos y si, ser un poco desconfiados. Es la forma de no caer en la desinformación.